Ardiente y abandonada, esta zorra en calor no pudo resistir la tentación de montar a su compañero de piso moreno y musculoso. Su polla bestial estaba destinada a destrozar ese coño hambriento, pero a esta perra sumisa le encanta ser usada como juguete sexual.
Ofreciéndose a cuatro patas, suplicó a gritos una follada violenta que le dejara el chocho irreconocible y adolorido por semanas. Gemía como una puta mientras su cuerpo sudoroso se estremecía con cada embestida, completamente dominada por la verga que tanto anhelaba.
Mi amigo sorprende a su roomate con una vergota insaciable
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