¡Qué zorra más sabrosa! La amiga de mi esposa se quedó sola en casa y no pude resistir su cuerpo ardiente. La empotré con fuerza en la cocina, levantándole la falda para follarla sin piedad mientras gemía como una perra en celo pidiendo más.
Esta guarra es demasiado adictiva y no paraba de pedir verga. Su coño apretado me volvió loco y la llené de leche. Seguro que repetiremos esta puta aventura a escondidas de mi mujer.
Madre e hija cachondas follando duro en la cocina
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