Esta zorrita prometida, a punto de casarse, no pudo resistirse a la enorme verga negra que destacaba entre los invitados. La visión de aquel rabo gigante la dejó hipnotizada, deseando probar su grosor. Sin pensarlo dos veces, se lanzó a mamársela con una lujuria descontrolada, ansiosa por sentir su textura en su boca.
La necesidad de que su coño ardiente sintiera cada centímetro de esa polla monstruosa era demasiado fuerte. Se lo montó de forma salvaje, gritando de placer mientras su cuerpo se estremecía. Una follada tan intensa que marcaría su memoria, haciéndole olvidar incluso su futura noche de bodas, prefiriendo la verga que la dejó temblando.
Primera vez con un negro y no fue mi esposo
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