Esta zorra española no podía resistirse al dinero fácil y a una verga enorme. Llegó al apartamento con el coño empapado, lista para tragar leche como una cerda en celo. Se lanzó sobre esa polla con una hambre voraz, mamándola como si fuera su última comida.
La puta no paraba de gemir mientras se la empotraban contra la pared, gozando cada embestida. El corrimiento final fue épico: su carita quedó completamente bañada en semen caliente, un espectáculo guarro que dejó a todos con ganas de más.
