Esta guarra insaciable del parque, con sus tetas gigantes y esa sonrisa de zorra caliente, se lanzó sobre un desconocido para darle una mamada brutal que lo dejó al borde del delirio. Primero con condón, follando como animales en celo contra los árboles, pero pronto quiso sentir su verga a pelo, ese coño apretado deseando leche caliente.
Se lo quitó sin dudar, montándolo salvajemente hasta vaciarle las pelotas a chorros, extrayendo hasta la última gota de semen con contracciones que hicieron gemir al tipo como nunca. Una escena de pura lujuria callejera, donde esta puta hambrienta demostró que no hay nada como un buen polvo al aire libre.
